La mística del metal progresivo alcanzó su punto máximo la noche del pasado 16 de abril. Ante un Parque Viva vibrante y a su máxima capacidad, la banda estadounidense Dream Theater ofreció un despliegue de virtuosismo técnico y conexión emocional que dejó una marca indeleble en sus seguidores costarricenses.
Rugido inicial de Dream Theater
A las 7:00 p.m. en punto, la oscuridad se apoderó del auditorio, desatando la euforia de miles de roqueros. Fieles a su estilo de composiciones monumentales, el grupo abrió con la icónica “Metropolis Pt. 1: The Miracle and the Sleeper”. Como es tradición en sus directos, la maestría instrumental tomó el protagonismo durante los primeros minutos antes de que el vocalista James LaBrie se uniera a la escena, elevando la energía al máximo.
El primer bloque fue un viaje a la nostalgia y la precisión, encadenando “Overture 1928” y “Strange Deja Vu”, demostrando por qué son los arquitectos del género.
Un despliegue de clásicos
La velada se dividió en bloques estructurales que permitieron recorrer su vasta discografía. Piezas como “The Mirror”, “Panic Attack” y la atmosférica “Peruvian Skies” cerraron la primera parte del show.
Tras un intermedio de 15 minutos —necesario para procesar la intensidad sonora—, la banda regresó con fuerzas renovadas para interpretar temas como “In the Arms of Morpheus” y la reciente “Night Terror”.
El regreso del maestro
Uno de los puntos más altos para los fanáticos fue presenciar el talento de Mike Portnoy tras su esperado regreso. Considerado por muchos como uno de los bateristas más rápidos y técnicos del mundo, Portnoy lideró la sección rítmica con una destreza que justificó cada segundo de la espera.
Cierre de leyenda
A pesar de la extensión de sus temas (que oscilan entre los 10 y 15 minutos), Dream Theater logró condensar 17 piezas en una jornada de aproximadamente tres horas.
El clímax llegó con el cierre soñado: la emotiva “The Spirit Carries On”, coreada por un mar de luces, y el himno que los catapultó a la fama mundial, “Pull Me Under”.
Costa Rica cumplió su cita con la historia del rock, en una noche donde la técnica perfecta y la pasión del público se fundieron en un solo acorde.






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